Araguás
Ruta del Románico 


Al pie de la Peña Montañesa, el caserío de Araguás (perteneciente al municipio de El Pueyo de Araguás) se dispone sobre un abrupto terreno abierto por el barranco Ferrería. Y en el extremo de la localidad, apartada del resto de edificaciones del pueblo como invitándonos a visitarla, se alza su iglesia, sobre un pequeño promontorio que la levanta sobre los dos pronunciados barrancos que la protegen.

La parroquial está bajo la advocación de la Virgen de la Asunción y su construcción original data de la segunda mitad del siglo XII. Aunque a ciencia cierta, el único elemento primitivo de factura medieval que en la actualidad conservaría sería su pequeño ábside anejo (el absidiolo) también la nave presenta características de planta románica.

La nave es rectangular con cabecera semicircular orientada al este y dos capillas laterales, cubierta por bóveda de cañón apuntado y dividida por un arco fajón que descansa sobre dos pilastras. El ábside o absidiolo está cubierto con bóveda de cuarto de esfera, que parte de una imposta biselada, y la capilla con bóveda de cañón. A los pies de la nave se encuentra el coro alto de madera, decorado con casetones con figuras geométricas de tradición gótica. Por último, el interior se completa con un retablo rococó procedente del Monasterio de San Victorián.

La torre de la iglesia presenta dos cuerpos, está adosada al costado norte de la nave y es de mampostería bastante regular.

El absidiolo, destacado como el resto románico más sobresaliente, está compuesto de sillería mediana alineada que parece haber sido trabajada posteriormente en algunas zonas. Conserva restos de una columna cilíndrica adosada, que hace suponer otra gemela y que la asemeja a la vecina iglesia de San Lorién.

La portada, las dos capillas y la torre ponen de manifiesto las reformas y ampliaciones realizadas en la construcción original a partir del siglo XVI.

Esta iglesia de Araguás, al igual que muchas otras del entorno, dependió durante largo tiempo y bajo un modelo de tipo feudal, del Monasterio de San Victorián. A partir de 1571, tras la creación del obispado de Barbastro, sería adjudicada a la nueva jurisdicción recién creada, pero ese cambio de autoridad provocaría numerosos problemas debidos, sobre todo, a los reparos por parte del abad del Monasterio a perder sus antiguos derechos y prerrogativas.

Se documenta, por ejemplo, un episodio que hoy nos resulta un tanto cómico, en el que el párroco de Araguás hubo de atrincherarse en la torre de la iglesia para resistir las acometidas y amenazas de una tropa enviada desde el Monasterio con el objetivo de amedrentarlo y seguir ejerciendo, de alguna forma, su perdida autoridad.

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