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La localidad de Broto, cabecera del valle de su mismo nombre, se encuentra situada a 905 m de altitud junto a las aguas del río Ara.
La denominada cárcel de Broto se ubica en la margen izquierda del río Ara dentro del casco urbano, es una torre compacta de planta casi cuadrada realizada en mampostería y sillarejo con las esquinas reforzadas con sillares y en cuyos muros apenas se abren unas saeteras de estrecho y alargado vano, y una única ventana adintelada en la planta superior. El edificio se corona con un tejado a doble vertiente realizado en losa.

El interior de la torre, al que se accede desde la contigua construcción que alberga la “Casa del Valle” a través de una puerta abierta en altura en la estancia intermedia, se articula en tres plantas cubiertas todas ellas por bóvedas de cañón. Para bajar a la planta inferior es necesario atravesar dos aberturas cuadrangulares practicadas en el suelo del piso intermedio, llegando a un espacio ciego, cuadrangular y dividido en dos mediante un tabique de piedra, utilizado como almacén y posteriormente como prisión. A la planta superior se accede por una escalera estrecha, y es en ella donde se abre la única ventana adintelada y cuadrada, debajo de la cual se encuentra un pequeño retrete que vierte directamente hacia la orilla izquierda del río.

La torre, que sirvió de defensa del paso del puente levantado sobre el río Ara pero destruido durante las contiendas de la guerra civil española de 1936-39 y del que en la actualidad sólo se conserva el arranque de los estribos, fue destinada a prisión. Las referencias históricas conservadas sobre el uso de la torre como cárcel comienzan a inicios del siglo XVI. Los habitantes del valle que cometieran un delito eran juzgados en esta localidad y conducidos hasta esta torre convertida en cárcel común del valle. Allí fueron a parar habitantes de los valles y de los colindantes pueblos franceses fruto de las continuas querellas habidas entre uno y otro lado en relación con los pastos y el ganado, compartiendo espacio con contrabandistas locales.

Esta misma tipología de torre la encontramos en otros puntos de la comarca del Sobrarbe como Bergua, Fiscal, Lavelilla, Oto, Puértolas o Torla por citar algunos enclaves, siendo datadas todas ellas en el siglo XVI, pudiendo ser puestas en relación con un ataque sorpresa de invasores franceses al valle de Broto en el año 1512, y teniendo alguna de ellas la doble función defensiva y de prisión.
La singularidad que presenta la torre de Broto es que sus muros, encalados y ennegrecidos por las hogueras, sirvieron de soporte para grabados realizados por alguno de los presos que cumplieron su condena entre estas paredes y dejaron su impronta durante los siglos XVIII-XIX. En ellos aparecen una gran variedad de imágenes de temática religiosa, algunas de ellas inscritas en una especie de orla en las que se insertan figuras representando algún santo o santa, cruces, custodias y calvarios, inscripciones con nombres de santos; figuraciones animales en las que se representan tortugas, peces, serpientes, extrañas aves; figuraciones geométricas e imágenes humanas, cuerpos enteros o sólo los torsos o rostros, músicos tañendo instrumentos de cuerda, así como calaveras y huesos entrecruzados diseminados entre los demás grabados entre los que se intercalan distintas inscripciones y fechas, así como cortas y paralelas líneas que eran el recuento de los días que un preso pasaba encerrado en esta cárcel.