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En el extremo más al sur de la comarca del Sobrarbe se extiende el amplio término municipal de Bárcabo, cabeza de municipio que engloba pequeñas localidades que, por su rico y bien conservado entorno natural, forman parte del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara (Almazorre, Betorz, Eripol, Hospitaled, Lecina, Mesón de la Potenciana, Santa María de la Nuez y Casa de la Coloma). Sobre este espacio se desarrolla un extenso entramado de caminos públicos y vecinales que, durante siglos, sirvieron de vías de comunicación e intercambio de mercancías entre los pueblos vecinos, así como lugar de paso de una de las cabañeras por las que pasaban los rebaños procedentes del Pirineo en su ruta de invernada hacia los pastos de las tierras llanas. Esta vía pecuaria que cruzaba por la Sierra de Sevil la empleaban los ganaderos del valle de Broto, de Vió y de la Solana.
A lo largo de los caminos nos encontramos con las denominadas “casetas de pastores” desperdigadas por el municipio de Bárcabo, lo que nos pone en la pista de un antiguo modo de vida que fue el que generó la realización de este tipo de construcciones, especialmente en el entorno de Lecina y de Betorz, lugares en los que encontramos hasta ocho casetas tradicionales construidas mediante la técnica de la piedra seca. En Eripol también se conserva una construcción circular, de unos 6 m de diámetro, realizada en mampostería y lajas asentadas sin argamasa y cubierta por falsa cúpula de losas por aproximación de hiladas, con un perfil exterior cónico achatado y muros en talud. La puerta es adintelada y ligeramente trapezoidal.

Las casetas suelen ser de pequeño tamaño, de planta circular, y estar construidas con paredes de mampostería colocada en hiladas de forma y tamaño variables asentadas sin ningún tipo de mortero, técnica que se denomina a piedra seca. La gran mayoría de las casetas se cubren con una “falsa cúpula” realizada por aproximación de hiladas concéntricas de piedras que se van cerrando conforme suben presentando cada una de las piezas un ligero vuelo al interior y quedando en plano o levemente inclinadas hacia fuera. Suelen tener una única puerta adintelada, carecen de ventanas, e interiormente poseen una estancia en la que se haría el fuego, se colocaría el camastro que se realizaría con ramas de las plantas más mullidas y habría unos aparadores para guardar los objetos.
Las casetas tuvieron un uso agrícola y pastoril, sirviendo tanto de refugio ante las inclemencias del tiempo como de almacén para guardar aperos y utensilios, y como lugares de descanso.